La Guardia de los Desvelados

Una línea se extiende desde el río Eblis, en el borde occidental de Narugor, a través de Fuerte Espina, y luego hacia el este hasta el río Kastor (que desemboca en el río Eanor, en el irregular borde de Davokar la Luminosa, entre Fuerte Espina y Melima). A lo largo de esta línea, una tosca torre de madera oscura se alza muy por encima del suelo cada 1000 pasos (o aproximadamente 1,5 km), resiguiendo la línea de árboles a cierta distancia hacia el norte. En total son ciento sesenta torres, en varios estados de construcción o reparación, a lo largo de la línea, cada una defendida por una guardia permanente y dirigida por un tornföra, una asignación temporal de guardia que rara vez no se considera un castigo. El capitán Dekamedo parece deleitarse de forma especial, asignando soldados con problemas de temperamento un mes o dos en un puesto.

Servir en este puesto recibe tal vilipendio debido a los Desvelados. La magia de muerte del enemigo en la guerra que aplastó Alberetor hizo algo más que dejar infértil la tierra y reducir ciudades a polvo. Esa misma magia creó una batalla sin fin para obtener soldados leales a la Reina, ya que las fuerzas del enemigo se levantaban una y otra vez con heridas mortales, sirviendo hasta que eran reducidos a poco más que un amasijo de carne destrozada y huesos hechos añicos. Esa misma magia se extendió, cual enfermedad, entre la gente común, y esta viajó hacia el norte con la gran ola de refugiados. La enfermedad solo se descubrió al cabo de un tiempo, aunque se hizo más evidente cuando la ineludible muerte en caídas de los pasos de montaña o el hambre, no detuvieron a la gente de despertarse con el amanecer y seguir adelante con penuria una vez más.

Los muertos se levantan. Los muertos vigilan. No son abominaciones, los muertos siguen buscando la realización y cuentan con libre albedrío y libre propósito. Sin embargo, están fríos, no respiran, ni su sangre fluye. No se cansan y a pesar de la inquietud que despiertan, sirven a un valioso propósito. A esos hombres y mujeres no les importan los recursos y proporcionan una defensa a lo largo de la extensión meridional de Davokar. Los Desvelados sirven, bajo sol y luna, para proteger los límites del gran bosque y advertir de amenazas inminentes sobre las tierras civilizadas.

Dos Desvelados sirven como Guardias en cada puesto. Dieciséis tornföra sirven a su vez un periodo, cada uno responsable de diez torres, atendiéndolas según la necesidad que tengan de reparaciones, de cambiar el aceite de las almenaras o de substituir los Desvelados que dejan de ser útiles por su estado de descomposición. Todo guardia debe lealtad tanto al Duque Junio Berakka, como al alcalde Lasifor Camponegro, aunque hacen su juramento al primero y reciben el dinero del segundo. Aquellos con sentido común quieren servir bien durante su periodo, con la esperanza de poder volver a sus quehaceres en Fuerte Espina o en cualquier otro asentamiento de la carretera este-oeste. La aspiración de pasar un periodo en el entorno más cómodo de Otra Senja u Otra Dorno ayuda a los tornföra aterrorizados a superar las oscuras noches de un ciclo lunar (la medida básica de un periodo en un puesto).

Construcción

El levantamiento de un puesto no es distinto al del molino de viento de la página 249 del libro básico, salvo el considerable aumento de altura. En cuanto al conjunto de torres, la edificación varía considerablemente, con similitudes solo en el esqueleto más básico de la construcción.

Como muchos de los árboles de los bordes de Davokar alcanzan los 50 metros, cada puesto también debe alcanzar la misma altura y más. Una amplia base llana de tierra y piedra sirve como cimientos sólidos de la torre. Los postes de las esquinas de cada torre consisten en un tronco de árbol clavado en la base. Lo más normal es que los troncos provengan de los altísimos árboles Tetch (Iracundos) o de los Ironbone (Ferrosos) de madera oscura, que sean transportados desde los aserraderos de los confines de Volgoma y luego llevados río arriba por el Eblis. La mayoría de árboles de los límites meridionales de Davokar la Luminosa son demasiado verdes para la construcción, aunque están bien para impermeabilizar y amueblar interiores.

Casi todas las torres tienen una ‘oficina’ para el tornföra en la sección inferior y una plataforma de observación en la parte superior. Cada sección de la torre consiste en vigas transversales de refuerzo y/o plataformas a intervalos de aproximadamente 3 metros (no representadas en el vago esbozo, ya que este muestra una imagen muy cercana). Escaleras convencionales o de mano dan acceso al nivel más alto, en el que está la plataforma de observación, justo por debajo de la cima que acoge la almenara. Esta solo se enciende en caso de emergencia. Encenderla en cualquier otro momento supondría invitar a visitantes no deseados de Davokar o provocar la ira de la brujas, quienes normalmente parecen tolerar los puestos.

Las torres más básicas utilizan madera para todo salvo para los cimientos de piedra. Algunos reforzarán los niveles más bajos de la torre con piedras toscas o trabajadas creando algo parecido a una fortificación. Si se quiere trabajar más en ellas, normalmente implica cavar una trinchera o zanja alrededor de la base para enlodar o ralentizar a los atacantes. En esos casos, la zona habitable inferior se suele extender hasta la base y el mobiliario incluirá un tablón o tabla para facilitar la entrada.

Los Desvelados

La plataforma de observación en la cima de cada puesto acoge a dos soldados muertos vivientes, llamados de manera eufemística Los Desvelados. Si bien la mayoría de los civiles no considerarían que los muertos necesitan atención o equipo especial, estos requieren un equipo básico para evitar pudrirse. La mayor parte del tiempo llevan ropa ligera y resistente para cualquier clima, un jubón de cuero y medio yelmo. Además, usan arcos, con los que muestran una maestría digna de confianza. Como los Desvelados literalmente no duermen, tienen todo el tiempo del mundo para mejorar sus habilidades, aunque carecen de la flexibilidad muscular necesaria para alcanzar un control o una experiencia magistral.

Además de dar acceso a la almenara, que el equipo del puesto mantiene limpia y despejada de excrementos de pájaro y cubierta de aceite, la plataforma de observación tiene una cuerda o cadena conectada a la campana de la oficina de abajo. En caso de un ataque inminente de cualquier tipo, la campana advierte al oficial sin revelar de inmediato el puesto.

Los Desvelados acostumbran a ejercer hasta que el deterioro los hace incapaces de servir a su propósito, y lo que es más importante, a la Reina. Aquellos que alcanzan el final de su vida útil pueden tomar un último trabajo como rastreadores con las unidades de Exploradores o los cazadores que recorren el borde luminoso de Davokar. Mejor salir a pelear que descomponerse hasta quedar inservible.


Traducción: Francesc

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